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  • Foto del escritorKYPO

¡TODOS A BORDO!

Actualizado: 27 may 2021


Insistir: desearlo tanto, tanto, que la vida no tenga más remedio que dárselo. Muchísimas veces me quise imaginar lo que sería viajar en yate y estar en alta mar. Siempre pensé que sería lo más magnífico del mundo, lo más especial, divertido y una experiencia única. 

Pues cada quien cuenta cómo le fue en el circo. Y a mi me fue más que rebién. No había momento alguno en el que no me sintiera agradecida, eso de ir por las aguas profundas del golfo de california, pasando por sus hermosas islas y viendo el cambio de sus aguas saladas, fue magnífico. En realidad me gustaría tener las palabras para expresar tanta belleza. Además de que la compañía fue de lo mejor, mis mejores amigas, todas, nomas escuchando música y completamente calladas, contemplando la belleza de nuestra madre tierra, con mil pensamientos y sensaciones pasando por nuestra mente.  TRES DORITOS DESPUÉS...

Empezó la diversión, cuando la mixologa empezó a ser creativa y nos dio una extensa tarde de sabrosos tragos, cuando de pronto el chef nos deleito con deliciosas botanas de atún, salmón y mucho más, pasó la noche, pasaron las canciones, las anécdotas, risas, lloradas, pues no hay nada como estar con  tus mejores amigas y nada que un viaje no te sume como conocerse más y desahogarse. Llegando a la noche, después de todo el día en alta mar, una tarde de mixología, gastronomía, sol y risas, anclamos en donde el día siguiente pasaremos todo el día. Imagínese, son las 11 de la noche, las estrellas más brillantes que nunca, en una isla completamente virgen, con tus mejores amigas, solo quedaba una locura por hacer; SÍ meterse al mar, de repente se prendieron las luces debajo del yate y se iluminó todo el agua, obvio nos echamos fácil unos 50 clavados, estábamos felices, el efecto de la luz y el agua hacía que brillara nuestro cuerpo como si fuera plancton por donde nadaremos, fue una noche completamente mágica. Para el día siguiente también fue todo  una sorpresa amaneciendo, pues estábamos anclados en la isla San Francisquito, una isla totalmente virgen, que consta de un brazo, tiene montaña y muchas dunas pequeñas, es algo fascinante completamente hermosoooooooo. pasamos el día entero ahí, su cálida agua azul, su sol ardiente y su deliciosa arena, nos invitaron a pasar un increíble día. Donde el chef, la mixologa y la tripulación, fueron culpables de que ese día fuera tan hermoso, pues comimos unas deliciosas langostas a la parrilla, camarones, ensalada... Éramos fácilmente unas 30 personas en toda la isla, lo que nos permitió disfrutarla en nudes y sentirnos completamente libres y conectadas con la tierra, hasta que de nuevo vino el atardecer y fue otro rollo, todo un espectáculo. En ese momento supe que todos estos momentos son los que llevaremos hasta el último día de nuestra vida, los que recordaremos con gran amor, ilusión y alegría, los que nos harán estar agradecidos de la vida y con la vida.  Hay que desprendernos de lo que nos detiene y no nos deja vivir, experimentar y ser. Seamos nosotros los capitanes de nuestra propia felicidad y que llenos de amor nos dirijamos a ese lugar soñado jamás antes pensado.

PD: te deseo que lo vivas en tu propia piel



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